Naseem Hamed vs Billy Hardy

El Sábado 3 de mayo de 1997 se enfrentaban el británico de origen yemení y campeón Mundial de la FIB y la OMB Prince Naseem Hamed y el aspirante, también británico y campeón de Europa, Billy Hardy.

Billy Hardy, vestido con un resplandeciente short de rayas de caramelo, duró solo 93 segundos. Dos caídas y una nariz rota no eran lo que el hombre del noreste de Inglaterra esperaba esa noche.

Naseem Hamed tenía 23 años con el mundo, y todos los que se atrevían a enfrentarlo, a sus pies. Para Prince Hammed esa aplastante victoria supuso su 26º victoria, la 24º antes por knockout.

Para aquellos que conocían el deporte, era ya bastante obvio que el Príncipe era especial. Un campeón mundial con solo 21 años, Hamed había estado seguro de su destino incluso antes de su victoria sobre el galés Steve Robinson para el cinturón de la OMB. Un año antes, Hamed había proclamado: «Voy a ser una leyenda». No hay duda al respecto.

Estaba presumiblemente convencido, pero pocos podían culparlo por ello. «Mire esta pequeña cosa arrogante», dijo Brendan Ingle, su entrenador, a los periodistas que asistieron a su gimnasio, «algún día será el campeón del mundo». ¿La edad de Hamed en ese momento? 11 años.

La confianza tanto del boxeador como del entrenador brilló en el ring. Hamed no fue el primer luchador en optar por boxear con la defensa baja, pero hay pocos que lo han llevado a tales extremos. Sus victorias fueron tan mentales como psicológicas. Era un joven bravucón, pero también un valiente temerario.

La creencia de Hamed en su capacidad para alejarse del peligro era máxima. Una y otra vez, hizo un gesto con la cabeza hacia atrás justo en el último momento, observando como la mano de su  oponente pasaba por delante de él, antes de contraatacar en la parte superior. O desde abajo. O directamente al rostro. No puedes encontrar a Naseem Hamed pero él podría encontrarte en la oscuridad.

Su momento culminante llegó siete meses después de esa victoria en Manchester. Hamed llegó a la ciudad de Nueva York para su debut en Estados Unidos. Tras sus bailes y su caminata hacia el ring de mas de 4 minutos, bañado con confeti. Ya en el segundo minuto, se burló del nativo de Brooklyn Kevin Kelley sacudiendo los hombros con desdén.

Kelley no era un jornalero, y no había venido a recoger la bolsa e irse. A los 56 segundos de lcombate, Hamed no pudo mover su cabeza hacia atrás lo suficientemente rápido y visito la lona por segunda vez en su carrera. Naseem se levantó al instante, pero se encontró de nuevo con la lona en el segundo asalto, falto de su elusividad y Kelley siguió avanzando.

Y luego, de la nada…  Una derecha recta tan cegadoramente rápido que el estadounidense no tuvo respuesta. Kelly se arrugó y, aunque se levantó, nunca se recuperó de verdad. Dos asaltos más tarde, cayó por tercera vez por una atronadora izquierda al templo. Juego terminado. En esta, la noche más difícil de su carrera hasta la fecha, el Príncipe demostró por qué valía la pena.

La arrogancia marcó el principio del fin para Hamed. Le siguió la ruptura con su entrenador Brendan Ingle: «El dinero se ha convertido en lo más importante para Naseem», y las distracciones fuera del ring cobraron su precio.

En abril de 2001 perdió una decisión unánime ante Marco Antonio Barrera en Las Vegas y quedó claro que su estrella se había extinguido. Luchó una vez más, un año después, y eso fue todo. Su última pelea se produjo a los 28 años.

Que la carrera de Hamed terminó tan rápidamente como había empezado. Un mago del boxeo, para otros un payaso con dotes, su tiempo en la cima fue fugaz pero completamente inolvidable. El recuerdo de este niño engreído de Sheffield, saltando por el ring antes de quemar a otro oponente es parte de la historia del boxeo.

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